La Imagen del Comunicador Actual

Ramón Antonio Pérez
Caracas, 15 de abril de 2005

“La naturaleza del periodista es, a semejanza de una estructura atómica, la verdad como núcleo rodeada por tres órbitas en las que transitan, primero, independencia; segundo, responsabilidad y tercero, servicio a la sociedad”. Castro, Laura.

Estimados amigos, profesores, estudiantes, investigadores y demás visitantes de mi blog. Como parte de las reflexiones que en estos momentos afloran en Mí luego de haber concluido con éxito mi carrera de Comunicador Social, en la Universidad Católica Santa Rosa, de Caracas, Venezuela, muchas con las interrogantes que me hago internamente. Para responderlas me ha parecido interesante tomar en cuenta la frase de la periodista Laura Castro, arriba citada.
Es que en la actualidad venezolana y mundial, el sentido de crisis que para algunos existe con mucha fuerza, afecta el desempeño de todos los componentes esenciales de nuestra sociedad, entiéndase: militar, político, religioso, empresarial, medios de comunicación. Del mismo modo afecta a dignas profesiones, instituciones e individualidades.
En lo concerniente a la imagen del comunicador social, es decir, del periodista se tratará de dar las recomendaciones más adecuadas. Si se quiere, son propuestas de orientación básica, especialmente para los más jóvenes. El asunto es que la imagen del comunicador refuerza ante la opinión pública el hecho informativo transmitido, algo vinculado a su personalidad y la profesión.
Por tanto, velar por una imagen integral es una necesidad perentoria en el desempeño de la profesión periodística. En ese sentido, a continuación se exponen algunos de los elementos imprescindibles en la imagen ideal de un comunicador social:
1. Tener conciencia de la importancia de la comunicación. El periodista o comunicador deber tener conciencia de lo importante de su profesión en el contexto social, político, histórico y económico del país en el cual trabaje. La comunicación es parte del proceso de relación humana y social más importante de la vida. La historia de los pueblos, el lenguaje de las distintas comunidades y elementos de las distintas culturas pasan de generación en generación mediante un proceso de comunicación.
2. El comunicador debe estar bien informado. En la medida en la cual el periodista esté bien nutrido de informaciones y de los hechos que motorizan el país, en esa medida podrá ser fiel informante de sus lectores, radio-escuchas, televidentes e internautas.
3. La formación profesional del comunicador debe ser constante y actualizada con los avances tecnológicos prevalecientes en el momento. Todo país requiere que sus guías, y en eso se convierten los comunicadores, estén actualizados en sus conocimientos, recibiendo las últimas novedades que surjan en su campo de trabajo. Debe hacerlo mediante cursos de especialización, aprendiendo nuevos esquemas y recursos informativos anclados a estrategias y planes de información para organizaciones o colectividades. En fin, debe nutrirse intelectualmente de manera constante para que sus destinatarios puedan recibir informaciones de último momento, no sólo en el campo del hecho noticioso sino de los adelantos tecnológicos y de otras esferas que mueven al mundo.
4. El uso de la profesión debe ser con estricto sentido del servicio. El comunicador debe estar consciente que su desempeño profesional se cumple en función de un servicio a la colectividad. Por tanto, ejercer la comunicación y practicar el hecho informativo, debe llevarle a poseer una imagen de honestidad apegada a la veracidad, imparcialidad y objetividad.
5. La presencia personal del comunicador debe transmitir pulcritud y buen gusto. Debido a su permanente relación con sus lectores y fuentes informativas, el comunicador debe transmitir y mantener una imagen pulcra tanto en su presentación personal léxico y actitud ante la vida. El buen gusto en la vestimenta, sin embargo, no debe implicar exageración ni ostentación, y debe sujetarse al entorno con el cual interactúe; del mismo modo el bagaje de conocimientos no debe convertirlo en un presumido.
6. Usar de manera correcta el lenguaje escrito y oral. El lenguaje es la herramienta esencial del periodista. Usarlo de la manera más correcta y apegada a la realidad en la cual está inserto es una manera de hacerse de una imagen profesional coherente. La riqueza y buen uso del lenguaje, sin ser muy elocuente, sí debe brindarle a sus interlocutores, una demostración de su profesionalismo.
Estimados lectores, éstas serían algunas de las características con las cuales el comunicador podría ganarse una imagen pública con dignidad en la Venezuela de hoy. Si dentro del ejercicio de su profesión decide tomar posición activa, por cualquiera de los componentes de la crisis, debe recordar que el respeto se lo ganará por la manera de ejercer su profesión y no por la posición ideológica o política con la cual se identifique. La imagen que más recordarán sus receptores será la relacionada con el ejercicio profesional y el buen impacto que pudo causar por vez primera.

Muchas gracias.

11-A: del infierno a la casa

Ramón Antonio Pérez
Guarenas, 10 de abril de 2005

Han transcurrido tres años. Pero es como si hubiese ocurrido ayer. Serían las tres y treinta minutos, aproximadamente, del inolvidable 11 de abril de 2002. Álvaro Méndez estaba allí, en la avenida Baralt de la ciudad de Caracas, como tantos otros venezolanos. Plantado en medio de la calle, frente al edificio La Nacional, sentía disposición de entrar a un combate que hace rato había comenzado.
Estaba ataviado con zapatos deportivos, blue jeans y una franela cuyo letrero indicaba su rechazo a la “Cubanización”. Llevaba un afiche en el cual se igualaba al Presidente Hugo Chávez con el terrorista Bin Laden. A pesar de proceder de un sector popular, la novedad de la clase media no le faltaba: una cacerola que tintineó durante todo el trayecto desde que se incorporó a la marcha, hasta que la realidad lo obligó a guardarla en el morral negro que llevaba en la espalda.
El ambiente era muy inquieto y la situación confusa. El aire picante, espeso y avinagrado, le hacía llorar los ojos hasta al más pintado de sus compañeros marchistas. Ante la lluvia de balas procedentes del norte de la avenida, éstos se veían obligados a cobijarse detrás de los funcionarios de la Policía Metropolitana, en una pretendida protección que no era tal.
Álvaro tenía el asoleado rostro muy expresivo y exudando pasión política. En cada mano tomó una piedra y las apretaba con furia buscando responder los ataques de los seguidores del gobierno. Su mirada se dirigió hacia el horizonte con rumbo al Puente Llaguno. Perdido y ensimismado recuerda cómo llegó hasta ese averno.
Serían las ocho de la mañana del emblemático día. Las estaciones del Metro de Caracas -Dos Caminos, Parque del Este, Altamira y Chacao- de su seno expulsaban torrentes de manifestantes venidos de las distintas partes de la ciudad. Las bocas del subterráneo tenían un exceso de personas, jamás conocida en su historia de servicio.
La marcha tenía previsto llegar sólo hasta la sede de Petróleos de Venezuela, en Chuao. Los manifestantes se disponían con todo el ánimo y atuendos de diferentes clases, a darle continuidad al paro general convocado por la CTV y Fedecámaras. Sería la coronación de una sui generis unidad de dirigentes sindicales y empresarios.
Eran amas de casa, ancianos, niños, minusválidos con muletas o en sillas de ruedas, trabajadores de todas las ramas de producción, profesionales, políticos y dirigentes de la sociedad civil. En sus manos empuñaban cacerolas, pitos y banderas tricolores como únicas armas para la protesta. El río humano cada vez era mayor.
Cuando ya eran las diez de la mañana, la marcha había llegado a Chuao. Pero todavía en Parque del Este se hacían presentes vecinos de Guarenas, Guatire, La Guaira y Los Valles del Tuy. Del torrente humano se comenzaba a escuchar el deseo de “Ir a Miraflores”. Un deseo impulsado por algunas personas de aspecto más radical en contra del gobierno. Y, Álvaro se preguntaba: “Por qué no ir, si nosotros también somos pueblo. Somos venezolanos y tenemos los mismos derechos de los chavistas. El balcón del pueblo también nos pertenece”.
La expectativa por la llegada de los oponentes de Chávez iba creciendo entre sus seguidores, ubicados en las cercanías de Miraflores. “Me extrañó ver la instalación de carpas con paramédicos y enfermeros, dispuestos a recibir los heridos de un posible enfrentamiento”, dijo Pedro Cermeño, compañero de trabajo de Álvaro y oponente en la política.
“Muchos compatriotas -indicó Cermeño- estaban apertrechados con garrotes, cabillas y tubos para repeler a los "escuálidos". “Sí es verdad, logré ver algunos bolivarianos con armas cortas y bombas molotov dentro de una de las carpas, y de paso, estaban custodiados por militares”, señaló. Cermeño se retiró antes del comienzo del macabro festín.
Al mediodía, en Chuao, Pedro Carmona Estanga, arengaba la multitud e interpretando el sentimiento de ésta la invitó a “...dirigirse hacia Miraflores para pedirle la renuncia a Hugo Chávez, de manera cívica, democrática y sin violencia”. El aguerrido actor Orlando Urdaneta, ahora transformado en dirigente político, había deslizado que, en lugar de gritar "Ni un paso atrás", se dijera: "Ni un día más...".
En algunos rostros la expresión de sorpresa por el nuevo destino de la marcha no se hizo esperar. Unos pocos optaron por quedarse, otros pensaban llegar sólo hasta la avenida Bolívar y los más osados fijaron como meta el Palacio de Miraflores. La multitud convencida de su posición pacífica y democrática se desplaza por la autopista del Este, Plaza Venezuela, Paseo Colón y la Avenida Bolívar, rumbo a El Silencio.
Llegados al centro de Caracas, la multitud se desparrama entre Plaza O`leary, El Calvario, la estación Capitolio, Liceo Fermín Toro, avenida Baralt, avenida Universidad y la Asamblea Nacional. Fue un asedio contenido con eficacia por los disparos que procedían desde Puente Llaguno, y por las bombas que la Guardia Nacional lanzaba desde el sector Pagüita, en la avenida Sucre.
Álvaro hizo todos los intentos por llegar a Miraflores, pero los gases lacrimógenos, los disparos y las piedras se lo impidieron. Con la vanguardia de la marcha alcanzó el sitio conocido como El Manguito, tristemente recordado porque por allí escapó Carlos Andrés Pérez el 4-F de 1992; nadie ha dicho si Chávez lo hizo esa noche por la prevención principal del palacio de Misia Jacinta. Luego recorre el liceo Fermín Toro y la esquina del cine Baralt. En todas partes la sangre "escuálida" y "compatriota" impregnaba el suelo. No quiso sumar su cuerpo a los muertos y heridos con los cuales tropezó.
A las tres y cuarenta, aproximadamente, una llamada al celular le alertaba de la transmisión televisiva del enfrentamiento. La cadena presidencial no tardaría. Álvaro Méndez, retornando sobre sí, lanza con impotencia las piedras al piso y decide regresar para su casa con el objetivo frustrado. Muchos jamás regresarían vivos a sus hogares. Él volvió de un infierno que apenas comenzaba y aún amenaza continuar.

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